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Putin dispara misiles hipersónicos contra los ucranianos cerca de la frontera de la OTAN

EL MUNDO | «Querido combatiente: tu café es gratis; moscovita: muérete». Así reza el mensaje escrito en una pizarra colocada en la puerta de una tienda de ultramarinos en la calle Reitarska, junto a la célebre Puerta Dorada. Por el interior del negocio, uno de los pocos que siguen abiertos en Kiev, pululan unos pocos vecinos buscando productos accesorios, cada vez más escasos, y numerosos combatientes de puestos de control cercanos, que tratan de reponerse endosándose dosis elefánticas de cafeína.

Están siendo noches duras en Kiev, cuyo arco norte sigue bajo fuego de las tropas rusas. Constatado días antes que el ejército ruso ya no se mete con los de su tamaño, sino que ha decidido cebarse con la población civil, hoy se ha sabido que, además, ha decidido hacerlo usando armas de última generación. Más potentes, más letales. Mientras Rusia reconocía el haber usado misiles supersónicos para destruir un arsenal en el oeste de Ucrania, las autoridades ucranianas advirtieron de que, en Kiev, también se habían lanzado proyectiles avanzados.

«Por primera vez hemos visto un nuevo tipo de artillería. Se lanzó mediante un sistema de paracaídas sobre bloques residenciales de Kiev», explicó por la tarde, en rueda de prensa, el asesor del Ministerio del Interior ucraniano Anton Heraschenko. «Estas bombas causan un gran daño en edificios privados. Sabemos que están usando armas de todo tipo, incluidas las más crueles, en Jarkov, Chernígov o Mariupol. Estos crímenes contra la nación ucraniana son un sinsentido».

Un día después de informarse de que misiles lanzados desde una fragata rusa anclada en el Mar Negro habían alcanzado la ciudad de Leópolis, el Ministerio de Defensa ruso emitió un comunicado explicando que sus misiles Kinzhal, de reciente fabricación, habían dado en el blanco en un arsenal de la provincia occidental de Ivano-Frankivsk. Es decir, a menos de un centenar de kilómetros de un país de la OTAN. Un vídeo grabado por una aficionado, que mostraba un proyectil cruzando el cielo a toda velocidad envuelto en un aura de luz, parecía confirmar la noticia.

Los Khinzal, que se traducen por ‘daga’, son una serie de misiles balísticos producidos desde 2017 capaces de alcanzar cinco veces la velocidad del sonido. Entre sus posibilidades está la de equiparlos con cabezas nucleares. Fuentes militares ucranianas admiten que, debido al comportamiento de ciertos tipos de proyectiles, es muy difícil detenerlos, por lo que aumenta exponencialmente su letalidad. Uno de los temores es que, ante el agotamiento de otros misiles en los arsenales rusos, aumente su uso.

El Ministerio de Defensa ucraniano también compartió una serie de fotos en las que aparecían enormes carcasas metálicas, de al menos metro y medio de largo, que llevaban, enganchado, un paracaídas blanco. Al menos una de ellas estaba situada en el patio de una casa. Alrededor podía verse coches calcinados y destrucción por doquier. Para Heraschenko se trata de «una prueba más» de «crímenes de guerra cometidos por Rusia». Su objetivo, aseguró, es «que rindan cuentas en tribunales ucranianos». Naciones Unidas ha constatado que la mayoría de víctimas civiles han muerto por culpa de bombardeos de artillería y ataques aéreos, aunque también se han documentado tiroteos contra vehículos civiles.

LA DRAMÁTICA SITUACIÓN DE MARIUPOL

El Gobierno ucraniano ha anunciado la apertura de una línea telefónica para que los desplazados internos, en especial aquellos evacuados o procedentes de zonas ocupadas por las fuerzas rusas, puedan aportar pruebas de tales crímenes, a fin de conformar un futuro dosier con el fiscalizar a los responsables de las matanzas. «Si únicamente con fuentes escritas se pudo sentar en el banquillo al ejército alemán, ¿Qué no podrá demostrarse ahora, que hay fuentes gráficas?», considera Heraschenko. Uno de los focos de interés de estas pesquisas es Mariupol, que vivió otra jornada negra. Los combates urbanos se intensificaron en la ciudad costera, sitiada por el ejército ruso, cuyos efectivos trataron de estrechar el cerco.

La situación dentro de Mariupol es dramática. Al menos 350.000 personas quedaron aisladas, sin acceso a comida o agua potable procedente de Ucrania. «Niños y gente mayor están muriendo. La ciudad está siendo destruida, completamente arrasada», alertó desde el terreno Michail Vershnin, un jefe de policía que pedía con insistencia soporte internacional. Una ayuda que limitada en material militar, pero decidida en lo económico, con Polonia pidiendo nuevas sanciones contra Rusia.

A última hora de la tarde Defensa aseguró que «Mariupol todavía lucha contra las fuerzas rusas». Horas antes, varias fuentes habían informado de que los ucranianos habían perdido la conexión con el puerto, cerrando así la conexión de Ucrania con el Mar de Azov. Son confusas las noticias que llegan de la localidad, las cuales incluyen denuncias de acoso, no verificadas, por parte de elementos de las brigadas ultras Azov, que luchan desde dentro para romper el asedio ruso. Aunque las tropas rusas no efectuaron avances significativos, la muy posible toma de Mariupol supondría un espaldarazo a las intenciones del Kremlin de no dar marcha atrás. No sólo blindaría el bloqueo marítimo que sufre Ucrania y que imposibilita que numerosos países reciban productos primarios como trigo o aceite de girasol, sino que alzaría la moral de un Gobierno en shock por el fracaso de su ofensiva rápida.

En medio de la tragedia, que se cobró al menos la vida de nueve personas durante la jornada, las únicas buenas noticias fueron las evacuaciones efectuadas con apoyo del Comité Internacional de Cruz Roja. Alrededor de 700 civiles pudieron salir de las zonas bajo fuego de Severodonetsk, Popasna y Lysychansk, muy cerca de las líneas de frente con las regiones separatistas del este de Ucrania. En total, de acuerdo con fuentes oficiales, más de 6.600 personas han sido evacuadas este sábado. En total, al menos 190.000 personas han sido evacuadas de áreas amenazadas por la ofensiva rusa.

Ante tamaña destrucción, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, ha vuelto a apelar a los rusos y a su presidente, Vladimir Putin. Rama de olivo en mano, le pidió, en un discurso grabado en la noche del viernes, sentarse cara a cara y negociar. «Negociaciones de paz, de seguridad para nosotros -con sentido, justas y sin demora-, son la única oportunidad de Rusia para reducir el daño de sus propios errores», aseguró.

«Quiero que todo el mundo me oiga ahora, especialmente en Moscú. Ha llegado el momento de reunirnos. Es hora de dialogar. Es hora de restablecer la integridad territorial y la justicia para Ucrania. En caso contrario, las pérdidas rusas serán tan grandes que varias generaciones no serán suficientes para recuperarse». Pero, en Moscú, siguen sin coger el teléfono. Aunque hay varios procesos de negociación abiertos, fuentes próximas a los encuentros no han dado señales de que estén siendo fructíferos.

Richard Reyes

Ejecutivo de @Telealtura canal 17 y Director de www.activa247.com, Reportero Gráfico, Webmaster // Más sobre mi aquí. http://bit.ly/UzG80Z

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